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Nimes


Una de romanos cerca de Barcelona


Una pequeña ciudad del sur francés atesora un valioso legado de historia antigua.

Bienvenidos a Nimes, donde si llegas en época de fiestas, te parecerá haber aterrizado a un pueblo de Andalucía.

¡Gracias a Dios que existe el tren de alta velocidad! Los nuevos servicios que prestan, en forma combinada, las empresas Renfe y SNCF, permiten que en tres horas y media se llegue desde el centro de Barcelona hasta Nimes, en el sur de Francia. Una ciudad ideal para visitar en dos o tres días, y que tus hijos que siempre le escapan a la historia tengan una forma amena de acercarse a ella.

Y a un precio accesible: los billetes se consiguen por 39€ el trayecto, aunque si se está atento a las ofertas en Internet, se pueden conseguir promociones y viajar por 29€. Y pocas cosas más cómodas que estar paseando, llegar 10’ antes a la estación y regresar a casa.

Las Arenas que no cambian

Tras pasar por la espléndida avenida Feuchères, flanqueada de grandes mansiones, se despliega el anfiteatro romano de Nimes, el mejor mantenido de los que han sobrevivido a las nieblas del tiempo. 

Se construyó a principios del siglo I, gracias a un carromato de oro con el que las autoridades imperiales romanas agradecieron el apoyo militar de Nimes en las guerras de la Galia primero, y en la guerra civil de Octavio contra Marco Antonio después. 

Así se presentaron las Arenas, levantados por arquitectos militares y soldados: la profesión de arquitecto civil no existía, y emplear al ejército a levantar piedras en tiempos de paz era una buena forma de mantenerlos ociosos. 

Con 133 metros de largo y 101 de ancho, se caracteriza por sus dos niveles de arcadas y puede albergar a 25.000 espectadores, una cantidad apreciable para el siglo XXI y enorme para los tiempos antiguos, pero hay que recordar que el concepto de ciudad es más bien medieval, el área de influencia de un núcleo urbano en la época romana llegaba a límites mucho más extensos que los actuales.

El edificio sobrevivió dos siglos porque en la Edad Media se reformó como fortaleza y castillo, y luego como un micro-barrio; y actualmente es sede de toda clase de espectáculos.


¿Estamos en Andalucía?

Uno de estos espectáculos pareciera extraído de algún rincón de Andalucía. Es que durante mayo y septiembre se realizan las ferias de Nimes, donde las corridas de toros son protagonistas. A diferencia del macabro espectáculo de los cosos españoles, en Nimes se realiza la carrera camarguesa, donde los ‘raseteurs’ –hombres vestidos de blanco- demuestran su habilidad quitando unos accesorios –una borlas, o escarapelas- de los cuernos del toro. Y ahí no hay ni espada ni lanza para defenderse, apenas un gancho metálico para capturar al objeto colgante y a salir corriendo antes que las cornadas del toro tengan buena puntería.

Y siguiendo el patrón ibérico, durante estas fechas las calles de Nimes vibran durante estas fiestas al ritmo de flamenco y sevillanas, que se escuchan en los tablados de la ciudad vieja.

Pero las Arenas también homenajean al pasado imperial, y lo hacen con los Grandes Juegos Romanos que, del 23 al 24 de abril, representan carreras de cuadrigas, desfiles ecuestres y combates de gladiadores.


El templo que no envejece


El casco antiguo de Nimes es pequeño, se puede recorrer en un par de horas, y se presentan varias interesantes residencias de estilo gótico, hasta llegar a una Catedral que, después de tantas refacciones y adosados que no han sido del todo acertados, vuelve a estar en obras.

Por ello, lo mejor es seguir por las callejuelas hasta dar con la otra joya antigua de Nimes: la Maison Carreé (casa cuadrada). Se trata de un edificio rectangular que impacta por lo bien que se mantiene.

Construido hacia el año 2 a.C., destaca por la armonía de sus proporciones y el buen estado de sus columnas. Fue concebido como templo, pero en su derrotero fue casa consular, caballeriza, vivienda, iglesia, archivo y museo. Ahora, su interior está vacío y se usa para exhibir un cortometraje de la época romana.

Atención al bonito diálogo arquitectónico que el edificio antiguo establece con el Carré d’Art, un centro de arte y cultura diseñado por Norman Foster, inspirado en el centro Pompidou.

Más perlas históricas

En Nimes puede sorprender que algunas calles estén rotuladas en provenzal, aunque esta lengua latina fue desterrada tras la Revolución Francesa y no se enseña oficialmente. Y también llama la atención que en toda la señales oficiales se encuentre un escudo de la ciudad que presenta a un cocodrilo encadenado a una palmera.

Otra vez la historia de Roma planea sobre la ciudad, y el reptil atado es una alegoría del triunfo de Octavio sobre Marco Antonio y Cleopatra. La palmera representa a la victoria, y el cocodrilo, al Egipto subyugado. Y para recordar esta particular historia, basta darse una vuelta por el patio central del Ayuntamiento, y al levantar la cabeza, se verán a cuatro grandes cocodrilos del Nilo embalsamados, con sus más de dos metros de extensión colgados como si estuvieran flotando en el aire.

Otros puntos a destacar en una visita son la Torre Magna, los restos de la muralla que se despliegan en diversos tramos de la ciudad, y los bonitos Jardines de la Fuente, que también presenta a los restos del Templo de Diana.

Texto: Ignasi Vila de Bernal. Fotos: Oficina de turismo de Nimes 

 
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